" No le estaba permitido ser a la vez inteligente y mujer. Captaba muy bien que ni su carácter independiente ni su nivel cultural gustaban, sabía que con su físico esbelto y bien formado sería mucho más popular con los hombres si se limitara a sonreír, sin hablar cosas de fondo. Los hombres las prefieren gansas".

domingo, 13 de abril de 2008

Bitácora de un día tal

Amigo, tú que paseas por aquí, tal vez con entusiasmo, tal vez por respeto o simple curiosidad, quizá te lleguen mis palabras, quizá nada te represente.
Hoy estuve al frío, al sol, con mi vientre más abultado que de costumbre, esperando.
¿Tú sabes amigo, conoces la sensación cuando los minutos se transforman en dardos puntiagudos y tu corazón se disfraza de tablero esperando a aquél que dará justo en el centro?
Y las horas te destrozan las esperanzas como si fueran viles pirañas descarnándote.

¿Reconoces aquél sentir?

Yo estoy aquí ahora, sentada frente a mi computador, tal vez relatándote un momento triste que quizá tú no entiendas. Y tú, tal vez, tuviste un buen día, y ahora, también sentado frente a la pantalla, lees mis líneas que sin mucho ánimo redacto.

Yo estaba ahí hoy, parada bajo el sol. Un sol que por cierto estaba poco generoso, tal vez cansado de estar presente a estas alturas del año. Estaba bloqueada, ¿conoces ese estado estimado lector? Bloqueada.

Es que ni buenas ni malas noticias me hacían reaccionar. Mi mente se negaba a procesar cualquier tipo de información.

Y el sol comienza a descender, ocultándose tras ese edificio que me esconde verdades. Y el frío me cala más los huesos como si fuera cómplice de la situación, empeorando más mis tripas comprimidas en dolor.

La ansiedad la calmo comprando necedades para entretener mis dientes chirriantes. Y espero.

Las noticias vienen y van, como un vaivén sin piedad, que me mece hacia arriba y, bruscamente, por efecto de una gravedad grotesca, me deja caer de golpe. Y yo, como una gota de lluvia, adquiero cada vez más velocidad para chocar contra el suelo, desparramarme y desaparecer consumida por el asfalto.

Debo admitirte, amigo, que mi desliz de emociones desatadas hoy fue causa de mi culpabilidad. Pero yo no pensé que iba sobre una montaña rusa, yo estaba tranquila.

Fuera de costumbre asisto a todas mis clases y esta semana fue así. Tal vez quería negar situaciones y me oculté en la cotidianeidad. Debo confesar que tuve temor y fui cobarde. Pero las noticias eran buenas, no había remordimiento, sólo debía esperar unos días más.

Y mi llanto se desbocó hoy, sin vergüenza, frente a cientos de desconocidos, muchos de ellos felices portando en sus brazos vidas nuevas. Es que una nube se posó sobre mi cabeza. No sobre mi cabeza, delante de mis ojos. Y me cegó y me envolvió en oscuridad. Y mientras mis ojos se empapaban, mis rodillas perdían fuerza.

¿Por qué asistí, hipócritamente, a esas clases que pudiera recuperar en cualquier momento ante una situación que merecía perderlas? ¿Por qué no tomé valentía, esa que mis cercanos y conocidos asimilan a un corazón duro, y corrí a desprenderme de un abrazo cariñoso, de un beso en la frente?

Te cuento, lector, que el texto que tú vez más abajo, que semeja una carta, será derrochada como si, en tiempos pasados, hubiese dejado toda la responsabilidad en las patas de una paloma. Quise imprimirla y enviarla con algún comensal. No lo hice, confieso, por no querer causar emociones repentinas en momentos delicados. Seguro sería así. Preferí reservármela para cuando mi presencia se concretara.

Y aquí me tienes hoy. Escribiendo palabras a desconocidos, que poco sentirán el dolor de mi alma. Mi culpabilidad, sin tener la posibilidad de realizar todo aquello que pretendí

¿Has sentido esas horribles ganas de tomar a alguien del brazo, incrustando tus uñas en su piel para no dejarlo ir?

¿Has sentido el tétrico sentimiento de no poder decir adiós para siempre?

Yo no quiero causarte pesar, amigo. Yo no quiero que te compadezcas de mí. Yo no quiero que compartas mi dolor.

Yo sólo quería que leyeras estas líneas, para tener presente que al menos alguien sabe lo que siento.

Podría continuar describiendo emociones, situaciones, tiempos de angustia, mas nada me hará sentir mejor.

Yo debo aceptar una partida sin adiós. Por más que eso me despedace el alma. Y comprender que no es un adiós, amigo, es un “hasta luego”.

Pido perdón por mi egoísmo desmedido y reprocho mi actuar erróneo, en la espera de una última oportunidad de decir: “Te Amo”.

Espero que de mis palabras tú rescates una enseñanza, mi amigo. Y tengas conocimientos de estos errores vanos.

4 comentarios:

genesis alba fallfield dijo...

mis ojos estuvieron pendiente
el caminante acude al remanso cuando esta preparado, ahora solo necesita tomat aire

bueno, el dia tal

un dia mas para un te amo siempre es correcto

la verdad siempre libera, pero a veces nos hacemos esclavos de permanecer asi
te cuidas
xauxa

Anónimo dijo...

lindo lo q escribiste...... soy malo hablando en estos casos.... no encuentro palabras coherentes... ni atinadas. .....para tratar de compartir un sentimiento, afortunadamente para mi ajeno aun..... solo de verdad puedo decirte q lo siento.... y q espero q lo puedas superar se una u otra forma... q lo proceses y puedas seguir adelante......de verdad...lo siento... y espero de todod corazon.....q el dia de mañana estes bien...te quiero mucho...un beso....y cuidate.....

Anónimo dijo...

En la búsqueda de la vida nos encontraremos con ésto, tarde que temprano. Sin embargo, nuestra esperanza se alberga, férrea y plena, para ese momento con Dios.

Ya nos tocará, mientras tanto, vivimos bajo Su amparo, siguiendo la senda que ya nos ha dejado El mismo.

Beso!

PD: Llegó el noubuk, y también eso me pone feliz.

Raindrop dijo...

en estos casos encuentro de lo mas inutil lanzar al viento frases de pésame cliches y vacias, decir algo por decir... es lo que la mayoria hace en estos casos, me lo han hecho, y lo he hecho... odio que me digan algo que podria decirme cualquier persona...
eso es lo que dice mi mente, pero ultimamente en mi aventura por descubrir mi lado emocional tan celosamente escondido he visto que a mi corazon poco le importan esos detalles, y tan solo un abrazo, una linda frase, o un beso, por muy falsos y plasticos que sean son muy apreciados...
en medio de esta dualidad y problematica tan infantil de quien admira su lado mas debil, sigo intentando aprender y cambiar.
perfeccionismo como una flecha que aveces me hiere a mi mismo...

saludos de un vago que se tropezó con este camino

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